Guillermo Ariztía / ICOM 07

Guillermo Ariztía (ICOM 07), a cargo del pabellón chileno en la Expo Milán 2015
8 octubre, 2015

A Guillermo Ariztía (ICOM 07) le apasiona el rubro alimenticio y la cocina. Sus primeros trabajos fueron en FRUZCO (Yogen Fruz, restaurant Piola y Boost), Guallarauco y ARCOR, tras lo cual se embarcó a Europa a estudiar un Master of Management in Food and Beverage en SDA Bocconi, una destacada escuela de negocios italiana. El programa incluyó un internship en la oficina comercial de ProChile en Milán: “quería entender cómo funcionaba esta institución, sobre todo en Italia, donde tiene mucho contacto con empresarios gastronómicos”.
Al concluir los estudios de posgrado a principios de 2014, Lorenzo Constans, comisionado general del pabellón de Chile en la Expo Milán 2015, lo nombró gerente del proyecto. Y un año más tarde le confió la dirección del local nacional en esta feria universal sobre alimentación y sustentabilidad, cuyo lema es “Feeding the Planet, Energy for Life”, y que está abierta entre el 1 de mayo y el 31 de octubre del presente.
“Hoy se dan enormes paradojas alimentarias (desnutrición en África, obesidad infantil y pérdida de un tercio de la producción mundial de alimentos), y creo que Chile tiene mucho que decir. Somos un país agroindustrial, con mucha exportación de fruta, salmón y vino, y que debe dar a conocer su cocina”, explica este ingeniero comercial de 30 años.

  • ¿Cómo se gesta un proyecto de esta envergadura, donde es clave la imagen país?

Es un proyecto tremendamente complejo, que comienza a mediados de 2013, cuando el ex presidente (Sebastián) Piñera nombra a Lorenzo Constans como comisionado general. A partir de eso se conforma el equipo y se llama a concurso público para definir el concepto del pabellón chileno, donde ganan el arquitecto Cristián Undurraga y el publicista Eugenio García.
Más adelante, se buscan anfitriones para el pabellón. Se presentan más de dos mil postulantes, de los cuales quedan seleccionados cuarenta, que hablan perfecto español, italiano e inglés.
El proyecto involucra instituciones de gobierno (agricultura, economía, turismo, ProChile, entre otras) y privadas (gremios, auspiciadores, etc.), una complejidad administrativa no menor y muy desafiante a nivel personal. Hoy en día, tengo más de 400 personas colaborándome en forma directa e indirectamente. Sólo en el pabellón somos 150.

  • ¿Cuáles fueron tus primeras responsabilidades como director del pabellón?

El gran desafío fue terminar el pabellón en tiempo y forma para la inauguración el 1 de mayo de 2015. Fue el período más estresante desde todos los puntos de vista porque en mis manos estaba el que todo saliera bien.

  • ¿Cómo ha sido el ritmo de trabajo tras la inauguración de la feria?

Este trabajo es 24 horas y siete días a la semana. Nunca me desconecto. El pabellón abre de 9:30 a 23:00 horas en la semana, y cierra después de la medianoche los fines de semana. Recibimos 7.000 visitas diarias en promedio. Prácticamente todos los días tenemos presentaciones culturales (cantantes, folcloristas, cocineros, artesanos). El pabellón tiene un restaurant y una tienda llamada “El Amor de Chile”, ambos considerados -por el diario Corriere della Sera- entre los tres más concurridos y exitosos de la Expo. Es mucho trabajo administrativo.

  • ¿Qué aprendizajes has tenido estos meses?

He ido desarrollando mis habilidades para relacionarme con el mundo político y hacer relaciones públicas, ámbitos nuevos para mí. Es un rol muy dinámico. Sobre la base de las cifras de ingreso y las apariciones en prensa, el pabellón ha sido tremendamente exitoso.

  • ¿Qué dificultades has tenido? ¿Qué te ha permitido disfrutar el trabajo?

Lo que más me costó fue el período previo a la inauguración, por la altísima presión. Tuve que aunar criterios de decisión, finalizar la construcción, importar los productos y cerrar más de 200 contratos, entre otros miles de detalles. Sin embargo, desde el 1 de mayo he disfrutado muchísimo. La Expo es un baño cultural desde todos los puntos de vista, reúne en un solo lugar a más de 140 países con sus demostraciones culturales. Es mucho trabajo, pero tremendamente gratificante.

  • Descríbeme a grandes rasgos el pabellón de Chile.

Es una estructura de dos mil metros cuadrados, subdividida en tres pisos, y laminada en madera de pino radiata. Su temática se basa en el poema “El Amor de Chile” del escritor Raúl Zurita, que habla de la geografía, la diversidad de norte a sur y la riqueza productiva.
El recorrido comienza en una rampa de subida en que se recita la poesía, y luego se avanza a través de tres salas audiovisuales que presentan diferentes aspectos de Chile (geografía, cultura, gente, mercados, patrimonio gastronómico, frutos y exportaciones). Todo está exhibido con tecnología de punta.

  • De acuerdo a lo que has visto, ¿qué piensas que se valora de Chile en el exterior?

Se le conoce claramente por el vino, la Patagonia y el Desierto de Atacama, y ahora un poco más porque ganamos la Copa América. No tengo dudas de que nuestra participación en la Expo traerá retornos muy positivos para el país, desde el punto de vista turístico y gastronómico.

  • Cuando acabe la Expo Milán 2015 en octubre, ¿qué harás?

Probablemente me quedaré en Milán hasta febrero de 2016, ya que hay que desmontar el pabellón y dejar el lugar como si nada hubiese ocurrido. Luego, tengo pensado volver a Chile, aunque sin ninguna definición por el momento. Lo que sí tengo claro es que de aquí a unos 15 años quiero trabajar en forma independiente.

  • Junto a tu padre tienes un emprendimiento, Picnik! ¿Cómo camina el negocio?

Es un proyecto ideado con la ayuda de un profesor de mi posgrado en Italia. Picnik! provee a sus clientes de alimentación saludable elaborada por un chef profesional externo y está orientado al self service, lo que reduce los costos fijos. Tiene mucha innovación y sustentabilidad, porque es un container en desuso (refaccionado) y sin intervención en la tierra (no tiene mayores fundaciones o excavaciones). Estamos próximos a instalar un tercer local, en un barrio de oficinas en Santiago.
El sello de los ingenieros comerciales UANDES: “La ética y el compromiso con el trabajo”

  • ¿Cómo viviste tu época universitaria entre 2003 y 2007?

Siempre he dicho que tengo los mejores recuerdos de la Universidad. Desde el punto de vista académico, la considero excelente. Tuve profesores que me marcaron mucho porque acercaban la teoría al mundo real, tales como Carlos Díaz, Patricio Parodi y Antonio Recabarren, entre otros. También tengo un cariño especial por la coordinadora Pamela de la Fuente. Desde el punto de vista humano, hice un grupo de amigos excelente, con quienes nos vemos y hablamos todas las semanas.

  • ¿En qué actividades participaste?

En los trabajos de verano que organizaba Francisco Ulloa, quien ahora es profesor en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.

  • En 2006 hiciste un programa de intercambio con Macquarie University (Australia). ¿Cómo fue la experiencia?

Excelente, muy recomendable. La experiencia de vivir fuera es una inversión incomparable, y si estás estudiando, mejor aún. De partida sales de tu “zona de confort” y entras en un mundo adverso respecto a la lengua, la cultura, la soledad, etcétera. Sin embargo, los beneficios son infinitamente mayores que los costos. Estudiar fuera te entrega una perspectiva amplia.

  • Como egresado, ¿has vuelto a la Universidad?

Muchas veces y por distintos motivos. Yo le debo mucho a la Universidad, es pieza clave en mi vida.

  • ¿Cuál crees que es el sello de los ingenieros comerciales UANDES?

La ética y el compromiso con el trabajo.

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