Gabriela Gómez / ICOM 04

Diez años trabajado en la Sociedad San Vicente de Paul y la Corporación Educacional Aprender, organizaciones sostenedoras de establecimientos educacionales, le han permitido aportar a la educación vulnerable desde la administración y las finanzas.
2 abril, 2018

Siendo alumna del Andrée English School y de Comercial en la UANDES, Gabriela Gómez (ICOM 04) participó activamente en cuanta iniciativa social pudo. Y ya titulada, viajó a Sierra Leona (África) a construir escuelas. Sin embargo, lo que realmente despertó su amor por la educación y la motivación por cambiar la vida de personas a través de su trabajo, fue hacer clases de matemáticas en INFOCAP. “Al final del curso, uno de mis alumnos se me acercó y me dijo que su vida habría sido muy distinta, si hubiera tenido una profesora como yo cuando era niño”, cuenta.

Desde entonces ha volcado sus energías en fundaciones del ámbito educativo. Entre 2008 y 2012 trabajó en la Sociedad de San Vicente de Paul, primero como jefa de Administración y Finanzas de sus colegios y luego a cargo del Control de Gestión de toda la entidad. En 2011, tras ganar una beca, estudió un Máster en Dirección de Centros Educativos en el Centro Universitario Villanueva en Madrid, donde pudo entender mejor el funcionamiento de un colegio y el papel fundamental que desempeña el director. Y en 2013 asumió otro gran desafío, la gerencia general de la Corporación Educacional Aprender, sostenedora de dos colegios -el Técnico Profesional Aprender de La Pintana y el Sagrado Corazón de Lo Espejo- que suman 1.800 alumnos.

- ¿Cuál fue tu mayor aprendizaje en el máster?
– El gran y complejo desafío que implica dirigir un colegio. Aprendí que un buen director, además de saber muy profundamente sobre educación y administración, debe ser líder, ya que en su gestión trata con alumnos, apoderados y profesores. De él depende que todos estos actores convivan de la manera más eficiente posible, y que prime el bien de toda la comunidad escolar. Es prácticamente como un director de orquesta.

- Y como ingeniera comercial en el área educativa, ¿cuáles han sido tus principales desafíos y aportes, tanto en San Vicente de Paul como en la Corporación Aprender?
– Principalmente, dar una mirada más profesional y rigurosa a todo lo relacionado con la administración y el control de gestión. Al mismo tiempo, he tenido la oportunidad de aprender muchísimo de educación, del manejo de un colegio, y de la vocación y el profesionalismo que deben haber detrás de ellos.

- Puntualmente en la Corporación Educacional Aprender, ¿a qué te has visto enfrentada?
– Cuando llegué en 2013, la Corporación estaba con problemas de orden y estructura, entonces tuve que cambiar el equipo, hacer auditorías externas y habilitar un sistema de ERP, entre otros. Por lo general, existe el mito que en las fundaciones todo se hace “como amigo o más o menos”, pero es todo lo contrario, se requieren los mejores profesionales, los mejores protocolos, y los mejores sistemas de gestión y auditoría.

- ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
– Saber que lo que hago es un aporte trascendental en la vida de los niños. Conque logre cambiar la vida de uno solo, todo mi esfuerzo ha valido la pena.

- ¿Cómo compatibilizas tu trabajo con ser mamá de dos niños menores de tres años?
– Trabajo hasta las tres de la tarde y con mucha flexibilidad, y soy una agradecida de esta oportunidad. Pero estoy disponible 24/7, si es necesario.

- Dado la situación en que se encuentra el SENAME y las discusiones en torno al acceso y la calidad de la educación, ¿cuáles son los desafíos del país en esta materia?
– Podría escribir un libro para responder completamente esta pregunta, pero en resumen, la deuda país que tenemos es con los niños más vulnerables. Vulnerables no sólo en lo material, sino también en cuanto a la falta de contención, cariño y amor, que es básico para que un ser humano pueda ser feliz y tener una vida digna. Y lo digo habiendo trabajado en uno de estos hogares, ha sido lo más triste y frustrante que me ha tocado ver en la vida.
Son muchos los frentes que se pueden abordar, pero al menos yo partiría por tres: la calidad, vocación y compromiso de los profesores, la motivación y ganas de aprender de los alumnos, y el apoyo y confianza de los apoderados hacia el colegio.

Sus años en la UANDES

Tras un breve paso por Bachillerato en la PUC, Gabriela Gómez entró a Ingeniería Comercial en la UANDES en 1998 y desde el principio le llamó la atención la calidad de los profesores. “La universidad era más chica y aún no tenía mucha vida universitaria, pero académicamente no tenía nada que envidiarle a las tradicionales”, recuerda, mientras nombra a algunas profesoras que la marcaron: Clarita Balbontín por su ternura y Verónica de Lucca por sus entretenidas clases.

Por último, como sello de los ingenieros comerciales UANDES destaca “los conocimientos técnicos, el profesionalismo, la responsabilidad y lo bien que hacemos el trabajo”.

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